Tocado y casi hundido: así se encontraba el Granada hasta hace apenas una semana. El conjunto nazarí acusaba el lastre de una terrible racha de resultados negativos, en la cual tan solo habían sido capaces de sumar 11 de los últimos 54 puntos en juego (2 victorias, 5 empates y 11 derrotas en las últimas 18 jornadas), hundiéndose así en lo más profundo de la tabla clasificatoria. La era Abel tocaba necesariamente a su fin como consecuencia de la incapacidad del técnico toledano de cambiar el rumbo de un grupo de futbolistas hastiados y desquiciados por verse en el pozo durante toda la temporada.

Parecía escrito: el Granada, desahuciado, se dirigía irremisiblemente hacia un temido descenso que tan solo un milagro podría evitar.

Sin embargo, el destino, en su versión más caprichosa y azarosa, en uno de esos requiebros que dibuja muy de vez en cuando, le iba a dar una segunda oportunidad a los andaluces. Con la salvación a 6 puntos y restando 4 jornadas por disputarse, José Ramón Sandoval se hacía cargo de los rojiblancos el pasado 1 de mayo para tratar de llevar a cabo la misión imposible de la salvación. Y a las primeras de cambio, la apesadumbrada hinchada granadina recibía una bocanada de aire que les iba a devolver la ilusión y las ganas de creer que sí se puede.

La mano de Sandoval se notó desde el primer minuto del choque ante el Getafe. El entrenador madrileño revolucionó el sistema optando por una formación inicial muy ofensiva. Recuperó a El-Arabi como estilete ofensivo y el marroquí respondió anotando los 2 goles de su equipo. Juan Carlos y Rochina por la izquierda, y Nyom y ‘Lass’ por la derecha, percutieron constantemente al entramado defensivo getafense desde las bandas y, sobre todo, destacó sobremanera ‘Piti’, al mando de todas las operaciones ofensivas y sublime en el centro que iba a suponer el 2-1 definitivo para los suyos. Pero por encima de nombres individuales, el extécnico del Rayo  lavó la cara de su equipo imprimiéndole grandes dosis de intensidad desde el primer minuto, apostando por un estilo de juego más directo y vertical para aprovechar al máximo la velocidad de sus hombres de ataque, al mismo tiempo que los 11 futbolistas sobre el terreno de juego se comportaban como un bloque a la hora de defender. Por primera vez en toda la temporada, se puede decir que el conjunto nazarí es un EQUIPO.

Con estas sensaciones tan esperanzadoras, el Granada afronta con la máxima ilusión las 3 finales que restan para la finalización del campeonato. El calendario ha sido benévolo, y la primera de ellas será este sábado a las 16 horas ante un Córdoba en estado de depresión profunda. Sandoval ha devuelto a los futbolistas la confianza perdida y a la hinchada la fe en la permanencia. Los Cármenes será una olla a presión en la que 20.000 almas se dejarán la vida animando a los suyos para guiarlos al anhelado triunfo que les permita seguir soñando.

Con Sandoval, jugadores e hinchada unidos, el milagro aún es posible.

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