AGOSTO 2015

Jerarquía, carácter, personalidad, elegancia, clase, ambición, talento, genio… Infinito podría ser el listado de términos que definiese a Franz Anton Beckenbauer, el mejor jugador alemán de todos los tiempos y, por ende, uno de los más grandes de la historia del fútbol.

Sus comienzos con la pelota no fueron del todo sencillos, ya que su familia no veía con buenos ojos que se dedicase al fútbol. Por suerte para el deporte rey (y para el Bayern), ocurrió lo que suele suceder con personajes de semejante calado: el talento se impuso por goleada y, en plena adolescencia, el joven Franz iba a incorporarse a las filas del Bayern Munich. De esta forma arrancaba un matrimonio que iba a llevar a ambas partes, desde la nada, a lo más alto del Olimpo balompédico.

Y es que no habría que olvidar que, hasta la llegada de ‘El Kaiser’, el conjunto bávaro no era más que un vulgar y modesto club. Las vitrinas de la sala de trofeos acumulaban más polvo y telarañas que relucientes y ostentosas preseas, tan sólo una prehistórica Liga (1932) y una Copa (1957) adornaban la hueca y deprimente estancia. Y, de no ser por la influencia que su figura ejerció en la entidad alemana, probablemente este hubiera sido el sino para los muniqueses.

No obstante, desde su privilegiado lugar en el terreno de juego, (primero en el centro del campo, después algo más retrasado, como precursor de lo que se conoce como líbero), Beckenbauer iba a cambiar la historia del Bayern. En poco más de una década y bajo su liderazgo, el club iba a pasar de la Segunda División a ser temido por todos los clubes de la nación, de ser el equipo pobre de la ciudad, siempre a la sombra del Munich 1860, a ser conocido como “El Gigante de Baviera”, de los campos de tierra y fango a campeón de todo.

Pero su ascendencia en el fútbol no iba a limitarse a su desempeño con su club. Con la selección alemana también iba a alcanzar cotas insospechadas años atrás, liderando a la “Mannschaft” hasta convertirla en el mejor combinado del planeta.

La nómina de títulos que alcanzó Franz a lo largo de su carrera es prácticamente interminable: Liga alemana, Liga estadounidense, Copa, Recopa de Europa, Copa de Europa, Intercontinental, Balón de Oro, Mundial, Eurocopa…

Y sin embargo, a pesar de todos los galardones alcanzados, el recuerdo que permanece de Beckenbauer, es el de ese futbolista fino y elegante que fue capaz de liderar a una generación gracias a una entrega y compromiso extraordinarios, ese capitán que jamás se rendía y que siempre entregaba el alma y el corazón en cada partido. Ese hombre capaz de permanecer en el terreno de juego con el brazo en cabestrillo con tal de no abandonar jamás a sus compañeros y liderarlos hasta la victoria.

El capitán, el líder, El Kaiser, el hombre que cambió la historia del fútbol con su eterno dorsal 5 a la espalda.

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