Sería difícil determinar en qué momento el fútbol dejó de ser un simple deporte para convertirse en todo un negocio a escala mundial. Quizá fue el instante en el que las camisetas comenzaron a portar  publicidades en el pecho y el dorsal y el nombre de los protagonistas del juego a la espalda en pos de la venta masiva de zamarras. O tal vez ocurrió cuando algunos clubes decidieron renegar de su propia historia para vender los simbólicos y entrañables nombres de sus estadios a la marca comercial que más billetes pusiera sobre la mesa.

No obstante, estos movimientos con objetivos meramente lucrativos, apenas suponían, salvo en el apartado sentimental, una molestia para el aficionado de a pie. Se podía hasta llegar a ver como algo positivo, ya que cuanto más dinero ingrese el club al que se apoya, más recursos tendrá para incorporar mejores futbolistas y más opciones de alcanzar el éxito. Hasta ahí, todo —más o menos— correcto.

Sin embargo, como suele ocurrir cuando “el poderoso caballero don dinero” se entromete en cualquier asunto, en Italia se ha rebasado el límite. Este sábado, Juventus y Lazio se enfrentan para dirimir qué equipo se alza con el primer títul0 de la temporada, la Supercopa. Pues bien, el partido que abre oficialmente la temporada en el calendario futbolístico italiano se disputará a 11.669 kilómetros de la capital transalpina, en Shanghai, y sin tiffosi de ninguno de los dos equipos. Y todo gracias al ya mencionado parné, que tan feliz hace a la Federación, los patrocinadores e incluso a los propios clubes, que también sacan tajada llevando este partido a China. Ventajas para todos, menos para los de siempre, los aficionados.

Y es que resulta intolerable que el hincha, el fan, el socio o el abonado de Juve y Lazio no vaya a poder disfrutar en vivo de una final, ese momento que todo seguidor, sea de los colores que sea, anhela y desea con la mayor de sus fuerzas. O peor aún, que la escasa minoría de los que puedan permitírselo, tengan que invertir más de 1.000 Euros para ver un partido de fútbol. A nadie se le escapa que el balompié es un negocio global, y que acercar a los grandes equipos a diferentes puntos del globo terráqueo reporta una gran cantidad de beneficiós monetarios, pero esta política debería ceñirse estrictamente a competiciones de carácter amistoso. Es muy injusto que se prive al verdadero hincha de la oportunidad de contemplar a sus ídolos levantando un trofeo al cielo.

Como reza el eslogan de la Serie A, “El Fútbol es de quien lo ama”. Pues hagan el favor de devolvérselo.